Siete preguntas en torno
a Mentira
Enrique de Hériz / Isabel
García Adánez
1. cuentos (chinos)
I. G. A.: En las primeras
páginas de la novela se dice: "En
el preciso instante en que alguien cuenta una verdad, esa
verdad se convierte en un cuento." El mero hecho
de narrar está ligado a la "invención"
y, por lo tanto, a la mentira, puesto que es necesario completar
las lagunas de la historia o utilizar "palabras prestadas"
-como se dice en tu obra- para designar las cosas que no se
llegaron a conocer. La realidad, sin añadirle ese toque
de "mentira", ni para contarla merecería
la pena. ¿Crees que todo escritor
es inevitablemente un mentiroso? ¿Li Po (en
la novela o en general) simboliza a todos los poetas?
E. d. H.: Mentira es una novela
en la que se cuentan muchas historias distintas; yo tuve mucha
preocupación mientras escribía con la parte
arquitectónica de la obra, en cómo ir contando
esas historias para que de alguna manera fueran confluyendo
de manera natural; creo que lo logré porque ahora es
imposible escoger un fragmento por sí solo sin tener
que hacer referencia a otros.
Es una novela que parte de una mentira
o de un error, en el que se da por muerta una mujer
de 69 años, es antropóloga especializada en
ritos funerarios, la cual está en la jungla de Guatemala
realizando un último viaje, no es por motivos laborales,
pero sí la lleva a lugares que ha conocido en el terreno
profesional. En un accidente muere otra mujer, hay un error
en la identificación del cadáver y se da por
hecho que ha muerto ella. Durante todo el libro esta mujer
está en un lugar de la jungla del Peten en Guatemala,
cerca de Ruinas Mayas, revisando toda la historia de su familia
a partir de este incidente; a su vez la familia se encuentra
reunida en un pueblecito en las cercanías de Barcelona;
y la hija se encuentra por otro lado revisando también
la historia de la familia. Cada uno la escribe a su manera
como ocurre siempre, dando lugar a historias diferentes.
La hija de esta familia que recuerda constantemente las historias
que contaba su padre, el cual era un gran narrador, y a medida
que avanza la novela se sospecha que gran inventor de lo que
contaba. Entre otras cosas contaba la historia de Lipo, que
era un poeta que existió ciertamente, es el gran poeta
clásico chino. Hay un momento en el que un sobrino
pide a esta mujer que le cuente la historia de Lipo como la
contaba su padre, y ella dice que es imposible contar la historia
de la misma manera porque la contaba tan bien que ella sólo
puede recordar palabra por palabra, pero carece de la voz
que él tenía ni la potencia que tenía
contando; de manera que intenta escribirlo y esa noche escribe
la historia de Lipo.
La razón por la cuál está esa historia
en la novela es una razón totalmente anecdótica,
yo me di cuenta a medida que iba escribiendo que la novela
se estaba convirtiendo en una especie de catálogo,
si no de mentiras, de invenciones y proyecciones mentales
posibles; había documentos sobre la Historia que es
la mayor de las mentiras socialmente aceptada, había
historias de amor (el amor en sí no es una mentira,
pero el enamoramiento es un proceso de invención de
uno mismo y de la persona en el que uno se proyecta), había
traiciones, había una noción del éxito
profesional y público que termina siendo falsa; todas
esas mentiras posibles. De manera que un día pensé
que me faltaba un cuento chino, yo era un crío muy
inventivo y siempre me decían "eso
es un cuento chino", de manera que me pareció
que podía hacer un homenaje a esa infancia con alguna
mención al cuento chino; entonces busqué en
algunas antologías de literatura oriental clásica,
releí poemas de Lipo que no había leído
desde mi época de la universidad y me encontré
que en la antología que tenía en ese momento
disponible, la propia antóloga al final incluía
las biografías de los poetas chinos más importantes;
empezando por la de Lipo que es la figura central de la poesía
china clásica. Era una historia absolutamente imposible,
totalmente legendaria, de esas historias que por muy reales
que sean suenan a inventadas; y con dos o tres versiones del
posible final de Lipo, ya que nadie sabe cómo pudo
terminar su vida, ella misma daba la que le resultaba más
creíble, pero honestamente señalaba la escasez
de documentos que demuestren el final de Lipo. Por todo esto
pasé de una mera referencia del cuento chino, con una
ocupación de un párrafo a ocupar un capítulo
completo; ya que encontré que ambas historias poseían
la misma temática.
Yo creo que antes de nada se debería
realizar un preacuerdo para aclarar los significados de los
términos utilizado, qué significa mentira, verdad,
autenticidad… Pero en el terreno estrictamente
literario pienso que la obligación de cualquier novelista
o de un escritor de ficción es inventar; lo que sucede
es que hay una definición clásica de novela
que es: una novela es una mentira
que tiende a construir una verdad. Es decir, los novelistas
tenemos la obligación de inventarnos cosas, no necesariamente
probables en la realidad, y construir algo que para quien
lo lee pueda significar un apunte hacia la verdad. Por supuesto
que mentimos, pero una de las cosas que definen la categoría
moral de la mentira es la intención; yo desprecio la
mentira interesada que busca un beneficio y admiro la mentira
en el sentido de la construcción mental que puede provocar
una reflexión tendente a la verdad en quien la recibe.
2. tinieblas
I. G. A.: La necesidad de
mentir también puede deberse a la imposibilidad de
decir la verdad, bien porque el lenguaje no alcanza a expresar
lo vivido, porque la mente no es capaz de superar ciertas
experiencias hasta el punto de poder contarlas o porque la
verdad sería demasiado horrible. (Por ejemplo, sabemos
que algo le sucedió a Isabel en el pasado que no quiere
contar a nadie, etc.). El personaje que regresa de una experiencia
nunca es el mismo que marchó y siempre quedan zonas
cubiertas por la mentira, y más vale que sigan siempre
en tinieblas... como en Heart of darkness: ¿Tu
novela habría sido distinta sin la lectura de J. Conrad,
que según he podido averiguar, es uno de tus referentes?
E. d. H.: Con esto das en
el corazón de lo que a mí me llevó a
escribir esta novela. Antes de hablar de la imposibilidad
de hablar y de contar cosas, está la imposibilidad
de conocer. No me tengo por postmoderno, pero el gran avance
en las teorías del conocimiento en los últimos
cuarenta años pasa por el hecho de que por fin el hombre,
no sólo como individuo sino como ser social, acepta
después de haber pasado miles de años en la
historia buscando un conocimiento que fuera fijo, inamovible;
buscando incluso con ansiedad histórica. De pronto
empieza a decir que la verdad no existe; eso tiene algunas
consecuencias políticas y morales peligrosas en un
exceso de relativismo, pero ha provocado un avance del conocimiento
enorme. El método científico, que hasta entonces
era una búsqueda de verdades de mármol, de repente
asume que no, que el conocimiento científico y pragmático
de la verdad es como cuando uno va andando sobre piedras tendidas
en el lecho de río y sabe que en ninguna se puede quedar,
porque sabe que el momento en que se quede en ella se cae,
ya que cada una es sólo una plataforma para pasar a
la siguiente y que probablemente no hay una orilla definitiva
a la cual llegar. Antes de la imposibilidad de decir, está
la imposibilidad de conocer de esa manera inamovible. Entre
otras cosas porque si el conocimiento es ese trayecto, cuando
llegamos a obtener una noción mínima de ese
conocimiento, quien lo tiene no es el mismo que empezó
a buscarlo porque ha ido pasando por todas esas piedras que
lo llevaban de una orilla a otra. Yo en eso soy muy radical,
pienso que cada vez que empezamos a decir algo que empiece
por las palabras "yo soy…", no me atrevo a
decir que estemos mintiendo, pero estamos construyendo una
leyenda que tiene que ver con toda la relatividad de nuestra
identidad; es decir, la palabra "yo" es una de las
palabras más polisemánticas, la cual es una
suma de todo lo que te contaron que eras, a niveles incluso
racionales. Empezamos a recibir información de quién
somos muy pocos segundos después de haber nacido cuando
nos ponen en brazos de idealmente nuestra madre, que también
va a empezar idealmente a decirnos lo bonitos que somos o
lo muy queridos que somos; todo eso comienza a construir la
información de quién somos y durante los años
siguientes en que se forma la personalidad se va sumando,
no sólo quién eres tú, sino de quien
vienes: quienes son tus padres, quien es el contexto que te
ha hecho posible, quienes eran tus abuelos; todo eso, aún
si no es mentira y si no hay intención de mentira al
transmitirlo son leyendas. A las que contestamos generalmente
en el principio de la adolescencia con una cierta incomodidad
con esa frase que casi todos hemos dicho: "yo
no soy quien quieren que sea…, yo no soy como dicen…,
yo no soy yo…", buscamos una certeza absoluta
en eso y lo que hacemos es reconstruir esas leyendas de una
manera que nos permita convivir mejor con ellas. La dificultad
de contar es que el problema de lo que cuentes sea por su
propia naturaleza un cuento, sea cierto o no. Con respecto
a Conrad, creo que el fundador indiscutible de la literatura
contemporánea occidental; no sólo por sus novelas
y especialmente por El corazón de las tinieblas
sino porque creo que no hay nadie que haya escrito sobre su
propia obra con la inteligencia con la que lo hizo él;
tuvo la suerte de que sus libros gozaron de suficiente éxito
como para que en reediciones posteriores le encargaran prólogos
a sus propias obras. Hay una cita que se encuentra en el prólogo
de una de sus peores novelas, El negro del narciso,
que dice: "la tarea que me propongo
emprender consiste en lograr con el poder de la palabra escrita
que oigáis y que sintáis, pero por encima de
todo que sintáis; si lo consigo encontrareis aquí
cuanto merecéis: el estímulo, el consuelo, el
miedo, la seducción, todo lo que exigís. Tal
vez ese atisbo de la verdad que os habíais olvidado
de pedir". Esto tiene que ver con lo de la mentira
que tiende a construir una verdad, para mí una novela,
y esto Conrad lo ha explicado teóricamente y lo ha
llevado a la práctica a la perfección, no es
solo una historia. La narrativa, como definición de
género, tiene que contar historias, pero tiene que
ser mucho más ambicioso que eso; tiene que ser un territorio
moral, compartido y recreado por el lector en el que hay una
parte afectiva, intelectual, estética fundamental.
Para mí el lector perfecto es aquél que se está
muriendo de ganas de pasar a la página siguiente para
saber como continúa la historia, pero por otro lado
lo vive con tensión porque lo que quiere es pararse
a disfrutar de una frase en un momento determinado, a pensar
qué significa en su propia vida; y
Conrad es el fundador de todo eso.
3. memory bank
I. G. A.: En crítica
literaria, sobre todo en relación con la autobiografía,
se utiliza el término "memory bank", el banco
en el que uno va almacenando recuerdos a lo largo de la vida
y al que recurre cuando quiere contarla (el mendigo de El
día menos pensado tiene un "memory bag",
incluso). Pero nuestra "inversión" es muy
poco fiable, nunca encontramos el primer capital que metimos
porque "la memoria funciona como un ordenador, lo que
recordamos cada vez es la última versión que
guardamos de nuestro recuerdo, nunca el original" (no
he logrado encontrar la cita exacta). ¿La
memoria engañosa es la madre de la mentira?
E. d. H.: Es la causante de
la necesidad de la mentira. Tal como has dicho, eso está
presente en ambos libros y me sorprendió mucho. La
primera novela la terminé en 1994, la cual me llevó
siete años. Como fue un trabajo muy intenso de reescritura
permanente, una vez publicada no lo volví a leer; lo
tuve que releer cuando se hizo esta edición, y me sorprendió
enormemente cómo en realidad el origen temático
era casi el mismo, y era todo este tema inagotable de memoria
e identidad. La diferencia entre los dos, a parte de lo que
yo he madurado durante el proceso, es que yo sabía
mucha menos cosas sobre el funcionamiento de la mente en esa
época, luego ha sido uno de los temas que más
me apasionan. Escribiendo Mentira, yo ya sabía
cosas que los neurólogos dan hoy como comprobadas sobre
la mentira. Lo que sucede en la memoria es que ese tráfico
de algo físico y real que se convierte virtual en el
momento que es asumido por nuestro cerebro en forma de memoria,
y que luego cuando lo vuelves a convertir en algo palpable
ya no es exactamente lo mismo. Dentro de los fascinantes avances
de la neurología en los últimos años,
hay uno que no es reciente, es de hace veinte años
y que lo permitió la pura tecnología; el hecho
de que hubiera microscopios cada vez más potentes.
Incluso en tiempos modernos se había dado por hecho
que el cerebro registra la información que le proporcionan
los sentidos en lo que se llamaba entonces "áreas
bajas del cerebro"; se sabía que entre esas zonas
existían unos filamentos que por simplificación
siempre se dio por hecho que una vez registrada la información
se enviaba a la zona alta del cerebro que era donde la información
era interpretada, y ese era el final del proceso de conocimiento.
Hasta que la calidad de los microscopios permitió ver
que los filamentos que unían esas dos zonas tenían
dirección, y que la mayoría de ellos la dirección
era de arriba abajo; es decir, que había más
tráfico de la información que una vez interpretada
la grabación original de una sensación olfativa,
visual, etc., lo que por fuerza quiere decir que nuestro cerebro
una vez que registra algo lo interpreta y luego modifica el
registro para adecuarlo a la interpretación; con lo
cual, cada vez que decimos: "no, no, esto fue así,
seguro, porque yo lo recuerdo a la perfección como
si lo estuviera viendo", no es así en realidad,
lo que está viendo es la modificación de su
cerebro después de haber interpretado.
4. percepción
I. G. A.: Muchas veces, la
mentira no es más que una confusión, un error
en la percepción de la realidad: de hecho, el argumento
de Mentira nace de uno de estos "errores de percepción".
Por otro lado, si uno está convencido de que lo que
percibe es verdadero y ésa es su verdad, termina siendo
verdad (así les influyen las historias de la familia
a los personajes de la novela, el "espíritu de
Simón", etc.). ¿La
verdad y la mentira son cuestión de "percepción"?
De paso, ¿podrías anticiparnos
algo sobre tu nueva novela?
E. d. H.: Creo que entre el
loco clásico de las películas que está
en un sanatorio creyendo ser Napoleón y yo, que cuando
me presento digo que soy Enrique de Hériz, hay muy
poca diferencia. En ambos casos estamos convencidos de lo
que decimos; y en ese sentido, con respecto a la intención,
ninguno de los dos miente, no queremos engañar al otro
y simplemente decimos lo que creemos que es verdad. La única
diferencia es que yo temo y sospecho que no todo el mundo,
a mí para lo único que me han servido estas
novelas es para aceptar que la expresión "yo soy…"
es una percepción negativa. Pero no está más
cercana a una supuesta verdad inamovible que el hombre que
dice ser Napoleón. En cuanto a la novela nueva que
estoy escribiendo, que se llamará Manual de la
oscuridad; es la historia de un mago que aprende magia
muy joven, con catorce años, en seguida encuentra un
camino profesional y se convierte en mago profesionalmente;
después de conseguir el éxito se queda ciego
y tiene que reconstruir toda su vida. Quiero aprovechar el
momento para explicar que casi siempre los escritores, de
hecho para mí siempre que los escritores hablamos sobre
lo que escribimos estamos "mintiendo", es decir,
estamos dando explicaciones a posteriori que tienen muy poco
que ver con las razones que el verdadero proceso nos lleva
a escribir; evidentemente en la literatura hay una parte de
procesos irracionales que escapan a nuestro control, que están
en el origen de lo que escribimos y seguro las razones que
yo doy son construcciones que yo hago después. Una
prueba clarísima, en todas mis novelas existe, más
allá de mi voluntad, la figura de la desaparición
simbólicamente; siempre son personajes que desaparecen
de lo que se supone que es su vida para empezar otra vida,
a veces por decisión propio y otras veces forzados
por circunstancias. La primera novela era claramente así,
era un hombre normal que por una serie de dramas en su vida
termina convertido en un mendigo; en la segunda novela me
di cuenta que había pasado a escribir una novela coral
de siete protagonistas y los siete habían abandonado
lo que era su vida para empezar otra; me prometí que
el siguiente libro no tendría nada de eso, pero también
empieza con la desaparición de esta mujer; de manera
que me juré que en la siguiente novela no sería
así. Sabiendo la temática de la siguiente novela,
realicé un curso de magia con un gran mago de Barcelona;
comentamos un poco la idea de la novela y el tema de obviar
la desaparición, pero él me dijo que lo había
vuelto a hacer; porque en la magia lo único que importa
es la desaparición. Pero además quedarte ciego,
significa que el mundo te hace un truco de magia y te hace
desaparecer la vista. Con lo cual vuelvo a estar en el mismo
tema por razones que ni yo mismo se, cierto es que la biografía
de uno siempre importa; mi padre murió cuando yo era
joven y poco después murió mi hermano mayor.
Para saber que eso es relevante no es necesario sentarse en
el diván de un psicoanalista para que me diga la relación
que hay entre ese suceso traumático en mi vida y la
permanente presencia de la figura de la desaparición.
Tampoco quiero explorarlo mucho porque espero que me de para
algunos libros más. En el proceso de investigar un
poco hacia dónde iba a dirigir esa novela, di con otro
gran descubrimiento neurológico del que sospecho que
alguien ya os haya hablado aquí sobre el origen evolutivo
de la prevaricación; en el año 1991 un neurólogo
italiano llamado Giacomo Rizolati, quería demostrar
que tenemos neuronas especializadas para un catálogo
de gestos básicos. Para realizar el experimento tenían
macacos con el cráneo abierto y con electrodos en el
cerebro, para comprobar dónde se producían los
impulsos eléctricos y por tanto ver qué neurona
se activa. Lo único que hacían era darles un
plátano y ver que pasaba cuando hacían el gesto
para coger el plátano, luego se fue ampliando la investigación
y trataban de ver cuales neuronas se activaban cuando lo cogían,
cuando lo tiraban, etc. En un momento dado se dan cuenta que
las neuronas se le activan aunque los macacos no realicen
la acción, simplemente con el hecho de ver a los científicos
cogiendo el plátano a ellos también se le activa
la neurona de coger el plátano. Esto a desencadenado
una profundización de la investigación en este
plano, han empezado a trazar lo que se llama "sistema
de neuronas espejo". El siguiente experimento que están
locos por descubrir es que cómo puede ser que yo si
veo a alguien tomar una nota mi cerebro representa exactamente
que yo estoy tomando esa nota, sin embargo yo se que es ella
quien está tomando esa nota; en el momento en que sepan
eso habrán comprendido el mecanismo bioeléctrico
de la conciencia. Entonces, esta novela va a tener que ver
forzosamente con la capacidad de ponerse en el lugar del otro;
una particularidad es que este hombre que se vuelve ciego
tiene que ponerse en el lugar de otro, que es él mismo.
Cuando te ocurre algo tan traumático como es quedarte
ciego, según cuentan los psicólogos, la única
manera de sobrevivir a eso es aceptar que a partir de ese
momento eres otra persona. Y por tanto, activar todos los
recursos de tu cerebro para ser otra persona que no eres tú.
Una de las cosas que aportan los neurólogos es que
no hay ningún lugar en el cerebro donde se divida de
una forma física y funcional lo que recordamos de lo
que imaginamos, el cerebro lo trata todo de la misma forma.
5. investigación
I. G. A.: Para descubrir la
verdad, su identidad, etc. las dos mujeres de tu novela se
dedican constantemente a investigar, recopilar datos y pruebas,
luchar contra las lagunas de la memoria, y parece que la investigación
es la única forma de poner de manifiesto las mentiras.
También en tu proceso de escritura hay una larga labor
previa de investigación y documentación. ¿Puedes
hablarnos un poco de esta relación? ¿Es
para que la ficción sea menos "mentira"?
¿Hasta qué punto lo
consideras necesario para desarrollar "tus temas"?
¿Puede haber influido esa "labor de campo"
en el desarrollo que hay de El día menos pensado
a Mentira?
E. d. H.: Efectivamente hay
dos partes; hay una investigación que uno hace para
que luego figure en el texto que escribe, y otra que se hace
para conocer de qué habla y no necesariamente debe
figurar; aunque esta última no me parece imprescindible,
en mi primera novela me negué a hablar con ningún
mendigo, pienso que la obligación de un escritor es
manejar la herramienta de la imaginación; creo que
dentro de un novelista tiene que convivir cualquier tipo de
persona. Tengo una forma de ver lo que es una novela muy poco
académica y muy práctica, creo que es un objeto,
un artefacto de construcción que tiene dos lados: uno
es del escritor y otro del lector. Para mí, por ejemplo,
yo como novelista tengo que construir un apartamento que tengo
que dejar a alguien, y que lo voy a dejar no solo aceptando,
sino exigiendo a ese alguien que lo transforme; que el día
que venga a mi casa venga con una botella de vino y la deje
ahí, aceptando que se va a duchar en mi ducha y que
va a usar las cosas que hay en la casa, y por lo tanto la
casa ya no será la misma. La novela es lo mismo, es
un espacio que debe ser habitado por el lector y que a partir
de ahí cambio. Por esto me gusta escribir de manera
honesta en ese sentido, que haga que el lector y yo estemos
en ese mismo terreno; yo empiezo siempre con una mínima
lejana noción de una situación, que en este
caso es una mujer a la que dan por muerta, y para mí
el proceso de escritura es adelante y atrás, cosa que
me obliga a reescribir mucho, ir haciendo una serie de preguntas
que me obliga a plantearme qué va a pasar, la siguiente
pregunta es "¿y esto qué significa?",
las cuales me llevan a desarrollar la novela. Se que hay grandes
escritores que no lo hacen así, no es un imperativo
obligatorio, pero creo que es muy importante porque cuando
estoy escribiendo me acuesto cada noche con la misma sensación
con la cual quiero que se acueste el lector, ¿y mañana
qué? No tengo una posición de superioridad,
me gusta que mis narradores cuenten
exactamente lo que sabes para no estar mintiendo a mis lectores.
Una de las muchas funciones que tiene una novela es aprender
cosas, aunque no es lo principal, pero es una de las posibilidades
que tiene; yo me impongo dos cosas: en primer lugar, debo
aprender algo en cada libro que escribo; en segundo, ninguna
de toda esa información tiene derecho a estar en el
libro finalmente si no es transformable en material estrictamente
narrativo; si no consigues que todo esté inmerso en
la acción, no merece estar en el libro.
6. huellas
I. G. A.: Para recuperar aquello
nuestra memoria no recuerda podemos recurrir a las huellas
que el pasado deja en los objetos o a través de los
objetos: la carpeta azul de Isabel, el saco de Pedro, las
fotografías y juguetes del hijo... Pero la memoria
de los objetos también es engañosa: a veces
el propio recuerdo queda en el objeto y sin otra cosa detrás
(ese tema quizá está más presente en
El día menos pensado); además, sólo
revela los recuerdos "supuestamente verdaderos"
a quienes guardaron dichos objetos, pues para los demás
son un misterio que también se presta a una interpretación
falsa (¿Quién consideraría huella de
la memoria el grano de arena de Isabel?) Sin embargo, al final
de la novela, el personaje de Serena, encuentre o no la verdad,
lo que encuentra es la escritura que puede salvarla de todo.
Y la escritura, en el fondo, es una huella en el papel (algo
es algo). ¿La escritura como
"testimonio" para dejar constancia de la verdad...
o de la mentira nos mantiene a flote en el naufragio de la
vida?
E. d. H.: En cuanto a los
objetos, tengo una pitillera que juraría que era de
mi padre, ahora sé que no es de él porque me
lo desmintieron con una buena explicación; nunca pensé
si sería de él porque siempre di por hecho que
era suya. Es decir, el valor de los objetos como fijadores
de la memoria es tan absolutamente negativo como es la propia
memoria. El objeto es un gran portador
de memoria que puede ser falsa, pero es que la memoria también
puede ser falsa.
7. desenlace
I. G. A.: Ante una situación
de engaño existirían siempre tres posibilidades:
decir la verdad y eliminar la mentira, perpetuar la mentira
sin que nadie más lo sepa o que suceda algo para que
la mentira se haga realidad y se convierta en verdad. Éste
sería en cierto modo el "nudo" al que llegas
en un punto determinado de la novela. Sin revelar al público
cuál de las tres "soluciones" cierra Mentira:
¿Siempre pensaste en ese final?
¿Barajaste las demás
opciones? ¿Por qué?
E. d. H.: Hay muchos misterios
en la novela, en una novela que iba a tratar sobre la realidad
y la ficción, la vida y la muerte, la mentira y la
verdad, tenía que estar presente el misterio y el secreto,
pero no es una novela policial que se pueda traicionar su
lectura por decir quién es el asesino. En la novela
hay dos grandes misterios; uno si esta madre a la cual han
dado por muerta y que ella sabe que le han dado por muerta
y que su familia está en el pleno duelo de su muerte,
sin embargo decide no intervenir y quedarse en la jungla,
y una gran incógnita es saber si ella volverá
o no; el otro es si cuando vuelva va a contar a su familia,
y sobre todo a su hija que está obsesionada con reconstruir
la verdad de la familia, las verdades que ha reconstruido
por su parte. Yo no tenía ni idea de ninguna de las
dos cosas porque escribo sin saber a dónde voy, de
hecho me satisface cuando la gente me dice: "me
inquieta saber si esta mujer va a volver o no",
eso mismo me pasaba a mí cuando terminaba cada capítulo.
Todo esto me permite una relación mucho más
intensa con el personaje, ya que ella misma está igual
que yo.
En cuanto a la otra decisión, que es la de si contar
o no la verdad; tampoco sabía lo que iba a hacer ella,
ella efectivamente hay un momento en el que se da cuenta que
su hija ha vivido toda la vida obsesionada con algo que nos
pasa a todos, no hay familia en la cual el cuento de todas
esas leyendas no nos produzca inquietud. La hija de esta familia
vive obsesionada por esas historias, reconstruyendo permanentemente
lo que le contaron, tratando de demostrar lo que era mentira
y sustituyéndolo por algo que su inteligencia lo haga
más creíble. La madre, en un momento dado, es
la única que tiene una prueba contundente de que hay
una parte de esa historia que es mentira; no sabe cual es
la verdad, también necesita recurrir a su imaginación
para dar por hecho cual es. Cuando finalmente regresa, se
encuentra con que su hija a reconstruido toda esa mentira
que le contaron por una mentira todavía mayor; pero
que finalmente esta mujer ha dejado de obsesionarse y vive
en paz consigo misma, porque esa historia que ha usado como
reconstrucción le permite creer que por fin ella sabe
la verdad y puede empezar a no mirar tanto al pasado y mirar
más hacia delante. Acepta que por responsabilidad moral
tiene que hacer lo contrario de lo que se supone que es la
responsabilidad moral de una madre, que es la persona de quien
esperas que te diga siempre la verdad, pero esta madre en
esta circunstancia entiende que por responsabilidad moral
lo que tiene que hacer es callar y permitir que su hija conviva
en paz de una vez con algo que es una invención absoluta.
De todas formas a mí lo que me interesaba de ese proceso
de quien dice que; era que finalmente las dos, a pesar de
que una tiene pruebas de cual era la mentira original de esta
familia y la otra no, el proceso por el cual reconstruyen
la verdad es el mismo. La madre a partir de esa prueba que
dice: "la historia del abuelo Simón era una mentira",
empieza a imaginar de qué manera pudo ser. La hija,
que ni siquiera tiene esa prueba pero que sospecha que no
era verdad, imagina la forma en que fue. Estamos permanentemente,
y este es el sentido central de la novela, haciendo eso mismo
en la mayoría de los casos sin saberlo. Un novelista
tiene que llegar a algún atisbo de la verdad aunque
no se lo proponga, e idealmente el lector va a llegar a palpar
ese atisbo aunque no lo esté buscando, aunque solo
quisiera pasar un rato entretenido, si el mecanismo de la
ficción funciona bien, va a existir también
ese atisbo de la verdad.
Agradecemos a Cristina Valdivia
Biedma la trascripción de la entrevista grabada
el 7 de marzo de 2006 en ocasión del
encuentro con el escritor en la Facultad de Filología
de la Universidad de Sevilla. La entrevista será publicada
próximamente también en el volumen Los
recursos de la mentira (L.Trapassi/
J. Martos Ramos eds.), Barcelona, Anthropos (en prensa).
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