Especularidad
narrativa de una sociedad casi perfecta.
La última novela de Marina Mayoral
de M.S. Suárez Lafuente,
Universidad de Oviedo
La última novela de Marina
Mayoral, Casi
perfecto (Alfaguara: 2007), aclara, desde las primeras
líneas, su intencionalidad; no sólo titula el
primer capítulo como "Un crimen perfecto",
sino que se reitera el término en las doce primeras
palabras de la narración, para calificarlo, acto seguido,
como "melodrama", "folletón"
y "final de drama romántico". Esta antítesis
tan temprana, consistente en rebajar la perfección
a folletín, marca la pauta de lo que serán las
líneas vitales de los personajes: cada uno tan "casi
perfecto" como la vida misma, como el crimen aparente,
que no es más, ni menos, que un cúmulo de acontecimientos
que confluyen en un gesto equivocado.
La propia narradora, personaje central de la novela, se expresa
en una primera persona de lenguaje informal y cercano, que
rompe el dramatismo y convierte los acontecimientos en cotidianos.
Toda la novela está dirigida a este fin: a
explicar a un hijo ausente el porqué de una vida, y
de una muerte. Sólo conoceremos el punto de
vista de la narradora, ayudada por alguna cita, pocas, de
diarios y cartas de sus hijos. Quizás para ponerse
a la misma altura que su narratario y los otros personajes
sobre los que habla y para atenuar el privilegio de ser autora-diosa-artífice
de su Verdad, la narradora se dota a sí misma de dos
defectos físicos notorios: es tuerta y coja, y, para
que no haya dudas sobre el tema, lleva un parche en un ojo
y un alza en un zapato. Esta circunstancia da lugar a muchas
ponderaciones por parte de quienes leemos la novela; en primer
lugar, recordamos a una tuerta ilustre, la princesa de Éboli,
a quien la propia autora hace referencia en la novela, de
la misma manera que también se menciona el único
ojo del mítico Polifemo.
Ana de Mendoza, princesa de Éboli, es una "mala"
histórica, mencionada fugazmente en algunos libros
como un personaje siniestro e intrigante, relacionada con
Felipe II y Antonio Pérez, y conocida por un altercado
con Teresa de Jesús, quien no la dejó ingresar
en uno de sus conventos. Pero biografías literarias
como la de Kate O´Brien (Esa dama, 1946), más
proclives a entender los motivos de su carácter, hablan
de Ana como esposa y madre de familia, y como víctima
propiciatoria de la difícil política de la época.
Todas estas características serían fácilmente
extrapolables para definir a la narradora
de Casi perfecto, quien podría sustituir todo
el sentido icónico del parche por el "casi"
para definirse como persona. Por otra parte, el sentido polifémico
del ojo único apunta, dentro de los parámetros
de la crítica feminista, bien a la mujer que es privada
de un ojo para que no vea más allá de lo que
es conveniente para la buena marcha de la sociedad establecida,
bien a la mujer que se autocensura para no ver lo que la daña,
o para no saber más que su marido. O, sencillamente,
se trata de una representación simbólica utilizada
por la autora para indicar que su personaje, y aquellos que
la rodean, están marcados por los mismos prejuicios,
ignorancia y ceguera moral que la sociedad en que se mueven.
La novela se encuadra en una amplia tradición de mujeres,
detectives de la vida privada, que, con sólo
aplicar el sentido común que les falta a sus transcendentales
congéneres masculinos, resuelven, sin ruido, las muertes
que les rodean. Un título emblemático lo constituye
Tonterías (1916), de la autora norteamericana
Susan Gladspell, tanto la obra de teatro como la narración
corta del mismo título, o, más recientemente,
la novela Merodeando con aviesa intención,
publicada en 1984, de la británica Muriel Spark. La
novela de Marina Mayoral tiene también muchos puntos
en común con el monólogo de Gertrudis, madre
de Hamlet, en Asesinato en la oscuridad (1992), colección
de relatos de la autora canadiense Margaret Atwood. Tanto
en "Gertrudis cuenta" como en Casi perfecto,
una madre razona sosegadamente para explicar a su hijo varón,
resentido con ella por la muerte del padre, las circunstancias
que llevaron a la muerte del marido.
Este proceso de "desentrañamiento" lleva
aparejado muchas reflexiones, que incluso alcanzan la categoría
de confesiones, sobre los problemas y sinrazones que conlleva
la convivencia diaria de los miembros de una familia. Y en
este punto considero que el título de la última
novela de Marina Mayoral alcanza todo su significado: no
hay persona que no sea, por definición, "casi"
perfecta, o, lo que es lo mismo, desde el punto de
vista de quienes lo esperan todo de ti, "imperfecta".
Así, cuando la vida deja al descubierto los primeros
desacuerdos, surgen las imperfecciones ajenas, que, desafortunadamente,
son también un reflejo de las propias, con lo que la
convivencia se complica.
Recordemos, además, que la narradora de Casi perfecto
era ya físicamente "imperfecta", y que tiene
perdida la partida de antemano, al pretender ser, y conseguirlo,
madre y escritora. Ya lo decía su suegra: "era
muy lista, pero de asuntos domésticos sabía
muy poco, era como tener un yerno en vez de una nuera"
(29). Es decir, que la imperfección es inherente a
la mujer con ambiciones de ser ella misma, además de
"la madre de" y "la esposa de"; como ya
dejó patente Virginia Woolf en Al faro, en
1925, cuando tuvo que desdoblar las dos funciones, madre y
artista, en dos personajes, Mrs. Ramsay y Lily Briscoe. Si
bien es cierto que Woolf, muy ladinamente, crea a estos personajes
como complementarios e inextricables uno del otro para la
comprensión de la novela, tanto en lo que respecta
a sus funciones personales y sociales, como a la propia estructura
literaria.
Marina Mayoral, en su línea como autora, vuelve a darnos
el relato en primera persona de una mujer sujeto de sí
misma, con capacidad de decisión, con un nivel de razonamiento
que le permite pensar y elegir, y, hecho de gran importancia
para la historia de las mujeres, con la convicción
de que tiene todo el derecho del mundo a equivocarse, y, aún
así, seguir adelante con su vida. Los personajes de
Mayoral son siempre humanos, normales, casi perfectos;
el hecho de que sean mujeres supone un paso adelante en las
posibilidades que abre la literatura, con modelos a seguir
que trazan un camino diferente, sus pros y sus contras, y
que, además, permanecen en la memoria colectiva como
discurso narrativo.
17 de mayo de 2007
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